domingo, 5 de febrero de 2017

Método Montessori. Visión real.

Os dejo un vídeo donde podéis ver un día ordinario en un aula Montessori.


¿Notáis la diferencia?


Método tradicional/Método Montessori


Documental sobre la enseñanza, el aprendizaje, la escuela...


Habitación Montessori

¡Hola de nuevo!
Esta entrada es muy interesante, ya que voy a explicar detenidamente cómo podemos organizar el espacio de la habitación de un bebé de forma muy sencilla siguiendo unas directrices.
Espero que podáis poneros en el lugar del bebé para ver el mundo desde su mirada y no desde la mirada del adulto. Deseo que os guste tanto como a mí.

LA HABITACIÓN MONTESSORI  
Uno de los lugares donde el niño pasa más tiempo cuando está en casa, es su habitación. La Dra. Montessori cambia completamente la estructura de la habitación clásica que casi siempre es imaginada por parte del adulto, para tener tranquilo o proteger al niño en todas las formas posibles. La pedagogía Montessori vuelca esta visión llevándola, como es su costumbre, al punto de vista del niño.   Tendremos entonces una habitación dividida por cuatros zonas:  
- La zona de las actividades  
- La zona del descanso 
- La zona de la nutrición 
- La zona de la cura de la persona

Obviamente esta no es una repartición casual, sino que responde exactamente a todas las necesidades del niño en el desarrollo de sus periodos sensibles. 







ZONA DE LAS ACTIVIDADES  
Se coloca preferiblemente en el área con más luz. Si la habitación del niño es pequeña, esta zona se puede recrear en el salón o dónde el adulto suele pasar más tiempo. Prepararemos un fotón/colchoneta de algodón a dos plazas, de 2cm de alto recubierto de una sábana clara que se cambiará a menudo. Puede ser apoyado encima de una alfombra suave e gruesa. El fotón será colocado entre dos paredes que forman un ángulo, esto para dar un sentido de protección al niño. La sabana y la alfombra deben tener colores parecidos, preferiblemente de un solo tono o con fantasía delicada y de color pastel. Alrededor del fotón, apoyados en la alfombra, a partir de los 3 meses habrá cojines que tendrán en los primeros meses la función de barrera de protección para el niño.  A lo largo del fotón, justo al borde, será colgado a la pared de forma bien sostenida un gran espejo con los bordes redondeados en el que el niño pueda verse con facilidad.  De frente del espejo, o si hay espacio suficiente preferiblemente en otra pared siguiendo el criterio de separar las actividades, habrá una barra de madera, de un 1 metro de largo, a unos 45 cm desde el suelo, donde el niño podrá entrenarse en sus habilidades motoras, mantenerse de pie y desplazarse lateralmente con el apoyo de la barra. Desde el techo colgarán móviles, campanitas, anillos de madera que se puedan agarrar y/o objetos atados a unos elásticos o muelles que se puedan tirar. Hay que subrayar que la elección del fotón no es casual, responde perfectamente a las necesidades del niño de estar tumbado y libre de desplazarse, para poder fortalecer los músculos de la cabeza, aprender a reptar, girarse y más adelante a gatear, sentarse y finalmente ponerse de pie. El fotón amortigua eventual caídas, pero es bastante rígido para permitir con facilidad los movimientos y apreciar sus sensaciones. Encima del fotón se pueden apoyar objetos que atraen la atención del niño y que lo motiven a alcanzarlos reptando antes y luego gateando.





ZONA DE DESCANSO  
Al principio el niño dormirá en la cesta Montessori (ver texto del módulo Fundamentos de psicología evolutiva “Cuidados maternos” pág. 26) en la habitación de los padres de noche o apoyando la cesta al centro del fotón durante el día. Cuando la cesta no será más suficiente a contenerle, el niño podrá dormir en la cama sin barrotes a la altura del suelo (ver mismo texto, pág. 27). Cuidar que la cama esté en la zona con menos luz y en un lugar protegido, lejos de corrientes de aire. 





ZONA DE NUTRICIÓN  
Esta zona está compuesta de un cómodo sillón para la mamá (o el papá) con posa brazos a una buena altura para favorecer la lactancia, un taburete o banquito para descansar los pies y una mesita. En alternativa puede ser un sofá o una silla cómoda. Aquí la madre y el hijo se juntarán para el momento de la toma, situación de gran intimidad y comunicación para ambos. En la mesita estará lo que se pueda necesitar: una lámpara, un diario, un vaso y agua para la mamá, un babero, un biberón si no se amamanta, etc. Si se quiere, se puede colgar también un cuadro a altura tal que el niño le pueda observar en los brazos del adulto. Esta mesita será la misma que servirá de plano de trabajo para cuando el niño será más grande.


ZONA DE LA CURA DE LA PERSONA 
Aquí tendremos un mueble cajonera alto unos 90cm que contendrá la ropa del niño. Encima del mueble se pondrá una colchoneta plastificada de color suave, que será el cambiador. En su correspondencia será colgado a la pared un panel de tela con bolsas, donde se podrán guardar los pequeños objetos necesarios para cuidado del cuerpo cómo un cepillo, unas pequeñas tijera para las uñas, la crema o un aceite (el de oliva emulsionado con agua o el de almendras dulce) y lo que se considere necesario.
Esta zona ha sido colocada en la habitación para que el niño aprenda desde el principio que las accione de vestirse/desvestirse tienen lugar en este espacio y en consecuencia se han juntado aquí casi todas las actividades de cuidado de la persona. Si no hay suficiente espacio, el cambio de pañal u peinarse, cortarse las uñas etc., pueden estar en el lavabo.


Es necesario adaptar las otras habitaciones de la casa a las necesidades del niño que crece.  
Baño:  
- Necesita un banquito para usar en el lavabo (se puede usar el del mismo del cuarto), o una caja.  
- Al sentarse en el escusado necesita tener los pies apoyados en un banquito. Se puede poner un adaptador para hacer el escusado más chico, así el niño se sentirá seguro. También se puede dar la opción del uso de un orinal. 
- En una estantería a su altura puede haber: el cepillo de dientes y la pasta, el cepillo y/o peine, un platito con un jabón pequeño. Cerca habrá una toalla pequeña en un ganchito a su altura.  
- Es importante mostrarle el uso del agua caliente y del agua fría: primero se abre la fría y después la caliente; además de que se tiene que habituar y tratar de evitar accidentes.  
- Que haya un espejo a su altura para que se pueda ver de cuerpo entero.  
- El niño ya puede empezar a bañarse en la ducha, pero le gusta más la bañera para jugar con el jabón y el agua, además de que se relaja. 

Cocina:  
- Los niños adoran la cocina, porque los adultos están mucho tiempo ahí, además de que pueden hacer muchas actividades.  
- Todo lo peligroso (filoso, etc.) se pone fuera del alcance del niño, y si el niño usa un cuchillo es bajo la supervisión del adulto. -- Necesita un banquito para llegar al fregadero o poder lavar cosas, y así poder ayudar al adulto. 
- Tener tablas para picar más pequeñas, así como utensilios de cocina más pequeños. 
- Dejar a la altura del niño los platos, servilletas, tazas, manteles, etc., para que pueda colaborar y ayudar para poner la mesa. 
- Que por ejemplo los cereales y cosas de comer que se pueda servir, también estén a su altura. 
- Se le puede solicitar su cooperación en algunas actividades como lavar platos, frutas, verduras; ayudar a guardar lo que se compró en el mercado; hacer agua de fruta; pelar la fruta; hacer pasteles o masa; poner y recoger la mesa; guardar algunas cosas de la alacena, etc.

Comedor: 
- El niño ya puede comer en la mesa con los adultos, sólo necesita una silla alta de cual se pueda bajar sólo, o una silla normal con cojines o almohadones. Es muy importante que el niño apoye los pies en el piso y no que estén volando.  
-Los platos y cosas para poner deben estar a su altura para que él ayude a poner la mesa.  
- Los cubiertos, vasos, jarra, platos, etc., deben de estar a su medida e iguales a los de los adultos; mejor que sean rompibles para que aprendan a usar las cosas (control de error). Y así se le da el respeto como persona diciéndole que sabe cómo usar bien las cosas. 




Información extraída de la asignatura Diseño de ambiente 0-3 años. Elisa Dalla Vedova. IMI

sábado, 28 de enero de 2017

El papel del adulto. Montessori

Descripción sobre las funciones principales del adulto desde un enfoque Montessoriano y sus claves de actuación.

La función principal del adulto es crear un ambiente adecuado e idóneo para que el niño pueda desarrollarse en plenitud, teniendo siempre en cuenta sus períodos sensitivos.
Al mismo tiempo, el adulto debe no obstaculizar el desarrollo interviniendo en cada momento sino ser guía y observador de los movimientos y aprendizajes que el niño realice.
El adulto debe permitir que el niño realice por sí mismo cualquier actividad y debe evitar en todo momento intervenir al no ser que fuese necesario para no frenar su desarrollo en la labor que realiza. En ocasiones, puede ser el mismo niño el que pedirá ayuda al adulto cuando lo necesite, entonces, será el adulto el que intervenga para reconducir la actividad que está realizando.
Hablamos también de que un niño en un ambiente Montessori tiene límites establecidos ya que a la hora de tener un ambiente preparado con un trabajo determinado le permite al niño alcanzar la autonomía e independencia para poder llegar a conseguir su libertad.

Desde mi punto de vista, el adulto debe fomentar un clima de libertad, cooperación, respeto por el ambiente y personas que le rodean. Además, haría hincapié en la responsabilidad que tenemos como adultos al ser reflejo para los niños. Ser coherentes con lo que hacemos y decimos ya que los niños son grandes observadores de los adultos.

Un adulto en un ambiente Montessori ha de ser un gran observador de lo que ocurre en él, y además, ser capaz al mismo tiempo de no interrumpir o interferir en el niño. Puede llevarnos tiempo, pero se ha de conseguir para ser un buen guía en un ambiente Montessori preparado.

En el documento “El adulto”, se hace referencia a la disciplina interior. El adulto no debe imponer normas externas, pautas, o controlar cada movimiento del alumno, haciendo a éste que obedezca pasivo.
Para que todo esto no ocurra, se ha de conseguir que el niño consiga su disciplina interior, esté tranquilo, esté ocupado y atraído por el objeto que tiene ante él y no se deja llevar por los premios, castigos o recompensas. De ahí que el adulto tenga un papel fundamental en proporcionar los medios adecuados para que el alumno lo consiga, eliminando cualquier obstáculo que se lo impida al niño.

“El adulto forma parte del entorno del niño; debe adaptarse a las necesidades del niño para no ser un obstáculo y para no sustituir al niño en las actividades esenciales para su crecimiento y desarrollo” María Montessori, El Secreto de la Infancia.

En cuanto a la mirada del adulto, podemos identificar dos tipos:

Función horizontal: es aquella posición donde el adulto se sienta a la altura del niño para presentarle un material, registrar en su cuaderno los progresos del alumno, etc.
Función vertical: el adulto se sitúa en el espacio de pie, paseando por el aula revisando el material que falta, solucionando problemas o dificultades y teniendo una visión general del ambiente.

Rol del adulto en el desarrollo emocional infantil.

El adulto debe cambiar su actitud hacia el niño, hacia la vida en general y hacia sí mismo. Debe tener:
§   Fe: En el desarrollo del niño y en su bondad. (Un niño que muestra un mal comportamiento no es malo, simplemente se ha encontrado con obstáculos en su desarrollo y ese comportamiento es una llamada de auxilio.)
§   Paciencia: Entender y aceptar el ritmo de cada niño.
§   Perseverancia: No darse por vencido cuando las cosas no salen bien.
§   Humildad: Ser capaz de admitir sus propios errores


Montessori emplea el término socio-emocional al relacionar al niño dentro de una comunidad educativa, pues las emociones están relacionadas con el respeto a los demás y a su trabajo.

Hablamos de tres dimensiones de la emoción, neurofisiológica (mano), conductual (corazón) y cognitiva (mente) centrados en el ambiente, el adulto y el niño.

En cuanto al ambiente puesto que está organizado para que los niños tengan que esperar su turno, ser tolerantes con sus compañeros, aprender a gestionar sus emociones, etc.

El adulto porque guiará al niño a identificar la causa de un conflicto y lo reconducirá a buscar soluciones.

Y al niño en cuanto al trabajar con niños de distintas edades, enriquecerá al niño menor de experiencias emocionales y al niño más mayor a empatizar con los más pequeños.

María Montessori hace especial hincapié en educar las emociones, permitiendo explorar, ensayar y equivocarse sin recibir un premio o castigo por el resultado, y siempre sin olvidarnos de la motivación.

Podemos hacer referencia a Gardner (1995), en su teoría de las inteligencias múltiples. En cuanto a la inteligencia interpersonal, mantiene que se construye a partir de la capacidad para establecer buenas relaciones con otras personas, al conocimiento de los aspectos internos de sí mismo.

María Montessori habla de la inteligencia interpersonal como una tendencia humana a la que además, se refirió como comunicación (sentimientos, deseos, pensamientos…).
La inteligencia intrapersonal podemos relacionarla fácilmente con la espiritualidad.
El adulto en el aula debe tener en cuenta que olvidar las emociones y considerarlas únicamente parte del hogar es un error garrafal.
Existen emociones positivas y negativas y tenemos que guiar a los alumnos para que sepan gestionarlas para llegar a conseguir al máximo su felicidad.

Para ello, hago referencia a Amanda Céspedes cuando determina “alimentos esenciales para el alma infantil” a:
-          La aceptación y respeto incondicional.
-          Reconocimiento y valoración.
-          Expresión explícita del afecto.
-          Comunicación efectiva y afectiva.

Y como bien he dicho con anterioridad el adulto al ser reflejo del niño en sus actitudes y comportamientos también es modelo emocional para él.

La ayuda que un adulto en un aula puede brindarle al niño, será ayudarle a traducir sus emociones en palabras, pudiendo entenderle y calmarle.
El adulto ayudará al niño a resolver os conflictos con un modelo de colaboración y no en uno de confrontación.

La autoestima es un factor importante en la construcción de la autoimagen y sobre la percepción de ser capaz de generar cambios positivos en uno mismo, lo que conlleva poder cambiar a los demás.

Hablamos de tres potentes sentimientos, los que comienzan a gestarse antes de nacer y serán los que el adulto va a construir su vida social y sus relaciones afectivas.
La alegría existencial. Mueve al niño a explorar, pensar, crear y favorece los procesos de afiliación.
Motivación. Para que el niño sea estimulado para curiosear y asombrarse ante el misterio. Promueve la apertura a nuevos aprendizajes.
Serenidad: Confianza en sí mismo de verse aceptado incondicionalmente, protegido y amado.

Estos sentimientos son los que provocan en el niño un fenómeno de apertura mental que le favorece en la creatividad, la flexibilidad cognitiva y adaptativa y amplía las cogniciones, estimulando la integración de experiencias, genera soluciones creativas para la resolución de problemas y la asertividad.

Cuando una mujer se queda embarazada ha de tener en cuenta que desde el tercer mes de gestación el bebé comenzará a establecer un vínculo emocional con la madre debido a las corrientes de energía que la madre transmitirá a su hijo. Desde la barriga hasta el momento en el que nace, son momentos que se quedarán grabados en el bebé como marcas emocionales.
De ahí que nuestra misión primera en la educación emocional del niño desde antes de que nazca es garantizar al bebé el derecho a establecer vínculos intensamente afectivos.

Adentrándonos en los dos años hasta los cinco, hablaremos de la conquista de la autorregulación emocional, donde el niño será capaz poco a poco de controlar sus emociones. Se ha de tener en cuenta el trato afectivo que mantiene el menor con los adultos que le rodean. Como padres o docentes se debe estar alerta ante la posibilidad de que el niño pueda estar en peligro de sufrir un daño emocional por parte de los adultos.

En la siguiente fase sensible de los siete a los diez años, se habla de una autorregulación emocional que le permite al niño acceder a una comprensión cognitiva de las emociones. Debido a que el niño está en pleno desarrollo de autorregulación, será necesaria la ayuda de un mediador o conductor que lo guié en su reflexión. El conductor será facilitador de la conversación.

Continuamos ahora con la cuarta fase sensible, la edad puberal. Es una edad complicada donde los niños pasan de encontrar refugio en sus hogares y al lado de sus padres a encontrar atractivo el descubrir y indagar el mundo que les rodea. El conflicto se crea cuando el chico a pesar de conocer sus valores inculcados suele sobrepasar los límites impuestos por sus padres.
En esta edad, el adulto ha de comportarse comprensivo, atento, afectuoso y sereno y con gran habilidad para conversar y autocontrolarse al hablar con el chico. Debe estar abierto a los cambios, ser más flexible, llegar a puntos en común con la pareja, etc.

Si nos adentramos en una nueva fase sensible, hablaríamos de la adolescencia. El afecto, el despertar sexual y los sentimientos se encaminan hacia los amigos y primeros novios, dejando a un lado a los padres.
En esta etapa los educadores o padres deben tener en cuenta que educamos para la libertad del alma infantil y respetar esa libertad cueste lo que cueste. El adulto ha de educar a un niño para la vida desde el respeto, sin vulnerar su libertad.


La importancia de la Auto-evaluación por parte del adulto.

Para hablar de la autoevaluación docente, haré referencia a varios autores que describen con claridad qué elementos se deben considerar para la autoevaluación docente.

Lafourcade (1974) propone que en la evaluación del desempeño docente deben considerarse los siguientes aspectos: programación del contenido disciplinario, desarrollo del curso, actuación del profesor y el rendimiento logrado por los estudiantes. Plantea que si se logra abarcar estas dimensiones en el desempeño del docente, se habrá podido conseguir una evaluación global.
Santoyo (1988) considera que la autoevaluación es un proceso de conocimiento apoyado en un ejercicio de reflexión constante y sistemático, que desemboca en un juicio de valor; no hay evaluaciones acabadas, por más científicas que sean, solo son aproximaciones que intentan captar la totalidad de los fenómenos educativos.
Para concretar más, podríamos decir que la autoevaluación docente es un proceso temporal, que permite identificar eficiencia y eficacia del desempeño docente. Se diría que a través de la autoevaluación se obtiene un diagnóstico de necesidades, se infieren juicios, se establecen valoraciones y se toman decisiones para mejorar la práctica docente.
Extraído de:
Mendoza-Páez, Ana María, Bermúdez-Jaimes, Milton Eduardo, La evaluación docente en la pedagogía Montessori: propuesta de un instrumentoEducación y Educadores [en linea] 2008, 11 ( ) : [Fecha de consulta: 13 de enero de 2017] Disponible en:<http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=83411113> ISSN 0123-1294